
La mejor manera de olvidar los sinsabores es irse de vacaciones. Esto lo saben las empresas dedicadas al ocio y los viajes que cuentan, cada vez más, con departamentos especializados en el turismo de lujo.
Está claro que la crisis no afecta a todos por igual, y la proliferación de nuevos ricos en India, Rusia, China o Brasil impulsa el turismo y los servicios de lujo, según Ollivier Jacq, fundador del portal “Paradizo.com”, que aporta datos sobre el gusto por viajar caro: mueve 180.000 millones de dólares (130.000 millones de euros) anuales en todo el mundo.
Este tipo de turismo está dirigido a personas con alto poder adquisitivo que huyen de las aglomeraciones, y buscan exclusividad – a veces hasta la extravagancia- para sus vacaciones.
Una empresa portuguesa ofrece posibilidades de lo más variopintas: experimentar la gravedad cero, conducir un fórmula uno por diferentes circuitos del mundial, alquilar el yate de Christina Onassis, o vivir como una estrella del rock en la villa de Mick Jagger, por el módico precio de 22.000 euros (31.000 dólares) a la semana.
Y en lugar de compartir playa, también se puede alquilar una isla en Dubai, en las Bahamas e incluso en España: Sa Ferradura, en la bahía de San Miguel, en el norte de Ibiza; es un islote pequeño con una lujosa villa y su propio puerto –única manera de acceder a él – que se alquila por unos 230.000 dólares a la semana.
Si lo suyo son los cruceros y la aventura, puede embarcarse en el rompehielos nuclear Yarnal, en el que se puede navegar 15 días por el Polo Norte, previo pago de unos 20.000 euros (alrededor de 28.000 dólares).
La lista de destinos con precios desorbitados es extensa, al igual que las colas de desempleados de las oficinas de trabajo.
Es época de hacer cuentas y apretarse el cinturón para muchos. Sin embargo, otros afortunados pueden, recordando el título del disco de la banda inglesa Supertramp, brindar diciendo “¿Crisis?, qué ¿crisis?”.
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